Razones que movieron el acercamiento entre Uribe y el Gobierno PDF Imprimir Correo electrónico
Política
Escrito por Radio Palmira   
Domingo 03 de Mayo de 2015 08:44

La reunión dejó clara la importancia que tiene la paz en la relación entre uribismo y santismo.

La necesidad de que Colombia derrote la violencia y pueda vivir en paz, a pesar de las diferencias que mantienen sobre los caminos para llegar a ese fin, es lo que mejor podría explicar el acercamiento político que se dio esta semana entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y el uribismo, su principal fuerza de oposición.


El primer encuentro privado que el senador Álvaro Uribe y el ministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, protagonizaron el miércoles en el Congreso abordó “una agenda amplia de intereses”, pero la versión de ambos sí dejó claro el peso específico de la paz en el contexto de la conversación.


El Gobierno se apuró a subrayar su interés. “Para empezar hay que reafirmar que el presidente Uribe no se opone a la paz, no hay enemigos de la paz”, dijo el enviado del presidente Santos tras hablar con su contradictor.

Nosotros creemos que es urgente un cese de actividades criminales de la guerrilla, verificable, para lo cual se deben concentrar. Eso sería una buena señal para el país, y eso permitiría avanzar en el diálogo sin afanes”, dijo Uribe al término del encuentro.

Ambos sectores aún tienen posiciones distantes sobre varios aspectos del proceso de paz con las Farc como lo dejan ver sus declaraciones, pero también hay coincidencias.

Avance significativo

El Gobierno no estaría aspirando a obtener el respaldo incondicional del uribismo al proceso de paz, pero sí quiere una participación suya más propositiva en el debate y eso es lo que parece que ha comenzado a darse.

De la reunión de Uribe y el ministro Martínez no salieron grandes acuerdos, pero sí es significativo que el exmandatario haya abierto las puertas para el diálogo político con el Gobierno, después de más de cuatro años de dura confrontación.

El distanciamiento entre Santos y Uribe es atribuible a muchas razones, pero nadie niega que fueron las negociaciones de paz con las Farc las que radicalizaron sus posiciones y llevaron sus relaciones políticas y personales al punto más crítico.

Uribe llegó a hablar de “traición” para referirse a la decisión de Santos (su exministro de Defensa) de buscar la negociación política con la guerrilla y reconocer mediante ley la existencia del “conflicto armado”.

Y Santos no se ha quedado atrás. En alguna ocasión, sin mencionar su nombre, aludió a él como “rufián de esquina” y también ha dicho de manera insistente que Uribe “se está quedando cada vez más solo”.

No obstante haber intentado iniciar diálogos con las mismas guerrillas (Farc y Eln) durante sus dos mandatos (2002-2010),Uribe acusa a Santos de “abandonar la seguridad” por privilegiar las negociaciones con la insurgencia.

Pero el encuentro de esta semana puso de manifiesto un cambio, por lo menos en las formas, entre los protagonistas del enfrentamiento político más radical de la historia reciente.

Tras la reunión, el ministro Néstor Humberto Martínez se refirió a Uribe como “un gran patriota”, y Uribe le respondió: “Agradezco el interés del señor ministro Néstor Humberto Martínez de dialogar con nosotros”.

Es claro que hubo un giro, sobre todo en el lenguaje. El Gobierno, como un gesto de cortesía, no ha querido capitalizar los réditos del encuentro y ha manejado el asunto con discreción. Quiere ganar más confianza.

¿Qué mueve a Uribe?

Si bien la principal razón que se atribuye a Santos para insistir en la búsqueda de Uribe es la necesidad de llegar a un consenso político frente a las negociaciones de La Habana y asegurar una mayor solidez a todo el proceso, hay muchas preguntas sobre qué hay detrás de la disposición del expresidente de abrir las puertas al diálogo.

En las filas uribistas hay dudas respecto de que su líder haya cambiado su actitud crítica frente al proceso o que haya cedido ante Santos. Y lo dicen luego de escucharlo.

“El Gobierno está buscando afanosamente al Centro Democrático como un flotador para salvar los diálogos de paz que se están hundiendo en la opinión, pero nosotros mantenemos intactas todas nuestras críticas y objeciones a La Habana. No vamos a hacer ninguna concesión”, dijo el senador uribista Alfredo Rangel.

Para la senadora Paloma Valencia el gesto de Uribe de recibir al ministro no fue más que un “acto de cortesía”. De hecho, puso en duda que se hubiera concertado una cita y sugirió que el ministro Martínez simplemente llegó a la oficina del expresidente y lo esperó hasta que llegó.

El Gobierno asegura que sí se concertó la cita previamente.

“El Gobierno está muy ahogado y está tratando, como cada cierto tiempo, de hacerle creer al país que todos estamos de acuerdo con los diálogos de La Habana”, agregó la senadora del ala radical del uribismo.

En cambio Carlos Holmes Trujillo, excandidato a la Vicepresidencia por el Centro Democrático en las pasadas elecciones, y quien ha liderado desde el año pasado una línea moderada que clama por una “actitud propositiva” frente al proceso de paz –sin abandonar la crítica–, dijo que el encuentro de Uribe con Martínez es una “oportunidad constructiva para aclarar posiciones”.

“Es evidente la conveniencia de que existan coincidencias sobre temas fundamentales relacionados con el empeño de dejar atrás la violencia que tanto daño le ha hecho a Colombia”, dijo Trujillo García en reciente columna.

El senador Roy Barreras, de la coalición santista (partido de ‘la U’) y quien ha estado involucrado en los asuntos de la paz, estimó que Uribe “vislumbra que el fin del conflicto será un hecho y quiere aportar para que esto se consolide. Por eso se ha acercado”, añadió. 

Analistas y académicos también coinciden en que el tema que llevó finalmente al Gobierno y al uribismo a abrir el diálogo político es la urgencia de la paz.

“El Gobierno está urgido de lograr unidad alrededor de la mesa de negociaciones porque está cayendo la confianza de la opinión en el proceso de paz y necesita a Uribe”, comentó el analista Pedro Medellín.

También aseguró que el “uribismo está teniendo una reacción inteligente para mostrarse como la mano que le salva el proceso al Gobierno y aprovecha para poner límites y condiciones a esas conversaciones”.

Camilo González, del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, destacó que “el Gobierno y el uribismo se están uniendo en un frente común para presionar a las Farc en temas como el cese del fuego, la justicia y la dejación de armas”.

Hernán Olano, profesor de ciencia política de la Universidad de la Sabana, aseguró que el Gobierno lo que busca es el respaldo del uribismo para “tramitar una ley de apoyo político al proceso”.

También consideró que algunos uribistas podrían “favorecerse judicialmente con una especie de amnistía”, como resultado de esta aproximación.

Los puntos álgidos

El diálogo que iniciaron el Gobierno y el uribismo esta semana no tiene un itinerario trazado, pero parece inevitable que se vuelvan a encontrar para abordar dos de los temas más gruesos que le restan a las conversaciones en La Habana: justicia transicional y mecanismos de refrendación de los acuerdos.

Alrededor de estos temas hay posturas diferentes del Gobierno, el uribismo y la guerrilla. La Casa de Nariño acaba de salir de un duro debate sobre si el marco jurídico actual le da al Jefe de Estado las facultades para desarrollar lo que se acuerde en La Habana.

El Gobierno desmintió de plano su interés en una norma habilitante con facultades constitucionales que según el uribismo se estaba estudiando, y descartó un referendo en las elecciones de octubre próximo.

Las Farc piden asamblea constituyente, a la que se opone el Gobierno, y el uribismo quiere que se conforme un órgano legislativo transitorio para debatir lo que se acuerde en Cuba.

Lo cierto es que la mayoría de analistas coinciden en que el proceso de paz no se podrá hacer a espaldas del uribismo, y que contar con su participación en el debate puede ser el punto que salve la negociación. Esta es la discusión política de mayor peso que hoy tiene el país.

Las coincidencias entre uribistas y santistas

Aunque lo que más se promocionan son sus diferencias, las coincidencias entre el Gobierno y el expresidente Álvaro Uribe, sobre el proceso de La Habana, son más de lo que cualquiera podría imaginar. Han sido progresivas y se podría afirmar, con base en hechos, que el exmandatario ha sido cada vez más propositivo en torno al tema.

1. Que siga el proceso

El Gobierno y el expresidente Uribe, no obstante sus diferencias en algunos puntos, piden que las negociaciones de La Habana continúen. Esta podría ser la coincidencia más significativa. Uribe, inclusive, ha dicho que si se hace una verificación confiable, el proceso puede seguir sin afanes.

2. Cese unilateral del fuego, con verificación

Tanto el uribismo como el Gobierno defienden el cese unilateral del fuego de las Farc. De hecho, la declaratoria unilateral que las Farc hicieron en tal sentido se produjo luego de la propuesta uribista. En lo que se diferencian es en la verificación. El uribismo pide que esta tarea sea hecha por organismos internacionales de plena confianza. El Gobierno no ha avanzado en esa dirección.

3. Zonas de concentración para la guerrilla

El expresidente Álvaro Uribe planteó la necesidad de establecer zonas de concentración, supervisadas por la comunidad internacional, para ubicar a las Farc. El presidente Santos ha admitido públicamente que esas zonas de concentración se están analizando en la mesa de La Habana. De hecho, el pasado viernes, Santos le dijo a la bancada conservadora que los lugares de concentración tendrán que ser inevitables cuando se llegue al cese bilateral, al final de las negociaciones.

4. Proceso de paz, sin impunidad

Tanto el Jefe de Estado como su antecesor en la Casa de Nariño tienen claro que el proceso de paz no puede generar “impunidad”. Ambos utilizan el mismo término. Sobre todo, para garantizar los derechos de las víctimas. Pero hay matices: para Santos, la justicia transicional debe aplicarse, pues “las amnistías de antaño ya no son posibles”, mientras que para Uribe es un inamovible que la cúpula de las Farc vaya a prisión por su responsabilidad en delitos atroces.

 
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