| SI LA SAL CORROMPE, ¿CÓMO SE PUEDE ALIMENTAR LA ESPERANZA DE JUSTICIA EN COLOMBIA? EL CASO DE PALOQUEMAO |
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| Escrito por Radio Palmira |
| Viernes 18 de Octubre de 2013 09:22 |
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Anoche, jueves 17 de octubre, luego de protocolizarse el debido proceso, fue legalizada la orden de captura de los once jueces señalados de pertenecer al cartel que cobraba por decisiones judiciales y garantizar la libertad de los inculpados en el complejo de Paloquemao. Los seguimientos hechos a la organización permitieron probar que uno de los funcionarios capturados se reunió en un centro comercial con un procesado al que acababan de conceder la detención domiciliaria. El encuentro, además, se dio a más de diez kilómetros de la casa en la que se suponía debía permanecer el interno. Hay otro caso concreto: Cinco millones de pesos habría pagado en abril pasado un hombre preso por el delito de enriquecimiento ilícito para que le cambiaran la detención domiciliaria por libertad condicional. El caso fue resuelto por el juez Francisco Javier Borbón, uno de los once capturados este jueves por la Policía y la Fiscalía en una operación contrael ‘cartel de jueces’, una organización cuyo negocio –cobrar por decisiones judiciales, especialmente por libertades– era un secreto a voces desde hace casi un año en el complejo judicial de Paloquemao, el más grande e importante del país. Eduardo Montealegre, fiscal general de la Nación, dijo que los capturados se habrían organizado para garantizar que “esos jueces de control de garantías produjeran decisiones contrarias a la ley". La Fiscalía les imputará hoy viernes cargos por concierto para delinquir, falsedad ideológica en documento público, prevaricato por acción agravado, concusión, cohecho por dar u ofrecer, revelación de secreto y tráfico de influencias. Otro juez capturado es Ricardo del Cristo Rodríguez, y la operación sigue hacia otros despachos. Y hay algo más delicado: Uno de los jueces inculpados, Francisco Javier Barbón López, de 37 años, quería ser magistrado de la Corte Suprema. La investigación, liderada por la Dijín de la Policía y varios fiscales especializados, se inició el año pasado, cuando la red contactó a un funcionario del Centro de Servicio Judiciales de Paloquemao al que le ofrecieron un millón de pesos para que un proceso terminara en manos del 'cartel'. Ese procedimiento se hace por sistema y es, supuestamente, aleatorio. La banda tenía claves de acceso al programa y así consiguió que varios casos, por los que se pagó plata, fueran a despachos específicos. El funcionario al que le ofrecieron el soborno lo denunció ante la Fiscalía y empezó a trabajar encubierto. LA RECTA
Justicia por su propia mano
Por John Tenorio Ayer, un grupo de personas persiguió a dos delincuentes que en moto le habían robado el celular a un ciudadano. A una de las ratas se le cayó el aparato y ese instante fue aprovechado por la turba que los inmovilizó y les que moto. Igual sucedió en Cali, cuando ayer dos asaltantes fueron reducidos a la impotencia por parte de sus víctimas que incluso amenazaron con lincharlo. Como diría la Policía, estos son casos aislados. Sí claro, aislados. Pero tampoco creo que esos casos necesiten una exhaustiva investigación para determinar que, en el fondo, tienen un hilo que los une y los hace comunes entre sí. Me refiero a la decisión de la gente de actuar por su propia cuenta frente a la negligencia de la autoridad y para rematar con el ejemplo de algunos jueces, como los de Paloquemao, en Bogotá, que fueron detenidos acusados de recibir dinero a cambio de fallar en favor de los delincuentes. http://www.eltiempo.com/justicia/el-cartel-de-jueces-en-paloquemao_13130663-4 Es un hecho: Somos ciudadanos desarmados y cansados de sufrir los ataques de la delincuencia, sin más remedio que decir después: “Gracias a Dios no me mataron” o “Yo les entregué todo por miedo a que me hicieran algo”. En muchas ciudades del país, la delincuencia tiene sitiada a la comunidad. Y lo tenaz es que muchos, nos dejamos sitiar de pocos, por físico miedo a actuar, o a denunciar. Tampoco se trata de hacer justicia por nuestra propia mano, como sucedió con el menor que asesinó a un empleado en Ciudad Córdoba por
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